Ciudad De México, 20 de abril de 2026.- La posible apertura al fracking en México somete al país a un escenario de demandas por parte de empresas estadunidenses del sector de hidrocarburos en el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Actualmente, el gobierno mexicano tiene más de 20 demandas pendientes por miles de millones de dólares.
El sector de combustibles fósiles es el que más utiliza a nivel global el sistema de arbitraje inversionista-Estado (ISDS). Se han interpuesto 93 demandas por parte de empresas extractivas de petróleo y gas en tribunales supranacionales, mayoritariamente en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial. En el sector terciario se han registrado 255 demandas por parte de empresas de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado, según el UNCTAD Investment Policy Hub.
Un precedente relevante es el caso de la empresa estadunidense Lone Pine Resources, que demandó a Canadá por 108 millones de dólares en el marco del TLCAN cuando la provincia de Quebec revocó permisos para el fracking. Tras este episodio, Canadá se retiró del arbitraje supranacional en el T-MEC. Asimismo, muchos países europeos se han retirado o han anunciado su retiro del Tratado de la Carta de la Energía debido al uso desmedido del ISDS.
En el ámbito tecnológico, Schlumberger (SLB) es la empresa con mayores ingresos a nivel global en el sector del fracking y cuenta con una sólida infraestructura en México. Baker Hughes y Halliburton son otras firmas que dominan esta tecnología y mantienen operaciones en el país.
Sobre los impactos ambientales y de salud, expertos de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Yale señalan que faltan datos sobre la toxicidad del 65% de las sustancias químicas utilizadas en el fracking. «Varios estudios han señalado una relación entre la proximidad residencial a estas actividades y un aumento de los resultados adversos en el embarazo, la incidencia de cáncer, las hospitalizaciones y el asma. Algunas actividades relacionadas con el fracking se han ubicado cerca de comunidades con menos recursos, lo que agrava su carga acumulada de injusticias ambientales y sociales», indicaron los especialistas.
La evidencia empírica muestra que en Estados Unidos, específicamente en el estado de Oklahoma, el número de temblores de magnitud mayor a 3.0 ha pasado de un promedio de menos de cinco al año a unos 40 al año, fenómeno relacionado con el fracking. Por su parte, Greenpeace advirtió: «Las nuevas tecnologías están haciendo que el fracking sea más peligroso, más rentable y más atractivo para las empresas de combustibles fósiles, pero no por ello menos perjudicial para el medio ambiente y la salud humana».





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