Un atraso de solo 15 horas en la deformación de Titán, la luna más grande de Saturno, ha puesto en duda una teoría ampliamente aceptada en la ciencia planetaria: la existencia de un vasto océano de agua líquida bajo su superficie helada.
Un nuevo análisis de datos recogidos por la misión Cassini de la NASA, operativa entre 1997 y 2017, indica que el interior de Titán no contiene un océano abierto como el terrestre, sino un entorno más viscoso, similar al hielo marino del Ártico o a sistemas subterráneos de aguanieve.
Datos antiguos, conclusiones nuevas
Durante años, los científicos creyeron que Titán ocultaba un enorme océano bajo su corteza helada. Esta hipótesis surgió al observar cómo la luna se deformaba —estirándose y comprimiéndose— mientras orbita de forma elíptica a Saturno. En 2008, estas variaciones fueron interpretadas como una señal clara de agua líquida bajo su superficie.
Sin embargo, al revisar esos datos, los investigadores notaron discrepancias: las propiedades físicas observadas no coincidían del todo con las de un océano profundo.
“En lugar de un océano abierto, probablemente estemos ante algo más parecido al hielo marino del Ártico o a acuíferos subterráneos”, explicó Baptiste Journaux, investigador de la Universidad de Washington, y uno de los autores del estudio publicado en la revista Nature.
El factor tiempo lo cambió todo
La clave del nuevo hallazgo fue incorporar una variable que antes no se había considerado con suficiente detalle: el tiempo. Los científicos detectaron que la deformación de Titán se retrasa aproximadamente 15 horas respecto al punto máximo de atracción gravitatoria de Saturno.
Este desfase indica que el interior de la luna no responde como un líquido fluido, sino como una sustancia espesa y viscosa, similar a la aguanieve. “Mover este material requiere más energía, como remover miel en lugar de agua”, explicó Journaux.
Para Flavio Petricca, investigador de la NASA y coautor del estudio, esta medición fue decisiva: “Fue la prueba más sólida de que el interior de Titán es muy diferente a lo que se había deducido en análisis anteriores”.
¿Menos agua, más posibilidades de vida?
Aunque la idea de un gran océano impulsó durante años la búsqueda de vida en Titán, los científicos consideran que este nuevo escenario no descarta esa posibilidad y podría incluso mejorarla.
Los modelos indican que algunas bolsas de agua subterránea podrían alcanzar temperaturas de hasta 20 grados centígrados. En estos entornos más reducidos, los nutrientes estarían altamente concentrados, lo que favorecería el desarrollo de formas de vida microbiana, similares a las que existen en regiones polares de la Tierra.
“No encontraríamos peces, pero sí ecosistemas comparables a los del Ártico terrestre”, señalaron los investigadores.
Dragonfly: la próxima respuesta definitiva
Journaux forma parte del equipo científico de Dragonfly, la próxima misión de la NASA a Titán, cuyo lanzamiento está previsto para 2028. Los datos de este estudio servirán como base para orientar los objetivos científicos de la misión.
“El objetivo final es claro: encontrar señales de vida y comprender, de una vez por todas, la verdadera naturaleza del interior de Titán”, concluyó el investigador.





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