Un análisis de datos de aviación civil y militar ha revelado un incremento drástico en las misiones de vigilancia de los Estados Unidos cerca de las costas cubanas durante los últimos meses. Desde el 4 de febrero de 2026, la Marina y la Fuerza Aérea estadounidense han realizado al menos 25 vuelos de inteligencia, concentrándose principalmente frente a las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba.
Las aeronaves, que incluyen aviones de patrullaje marítimo P-8A Poseidon, modelos RC-135V Rivet Joint especializados en señales de inteligencia y drones de alta tecnología MQ-4C Triton, se han aproximado hasta a 64 kilómetros (40 millas) de la costa de la isla. Lo que más preocupa a los analistas internacionales es que este despliegue sigue patrones de vigilancia casi idénticos a los registrados previamente en zonas de conflicto, como ocurrió antes de las operaciones militares en Venezuela e Irán.
Este aumento en la visibilidad pública de los vuelos —que operan con sus balizas de localización encendidas— se interpreta como una señal táctica de presión por parte de la administración de Donald Trump. Mientras el Pentágono ha declinado hacer comentarios oficiales, el gobierno cubano ha denunciado estas acciones como una violación a su soberanía y una amenaza directa a la seguridad nacional.




